Dos increibles startups creadas por adolescentes

Jack Andraka: sensor para la detección precoz del cáncer de páncreas.

El caso de Jack es especial por diferentes motivos. En un caso así, no os presentaremos una startup como tal, aunque la historia que hay detrás merece ser reconocida. En verdad, al final, charlamos de buenas ideas, incorporadas y sostenibles. De esta manera se auforma la auténtica innovación.

Con tan solo quince años de edad, Jack vivió un acontencimiento trágico que le marcaría de por vida: la muerte de un amigo de la familia a raíz de un cáncer de páncreas. Dada esta situación, el joven, muy implicado en la causa y siendo consciente de que la ciencia era la clave para solucionar este y otros inconvenientes, decidió ponerse a ello y contribuir con su aportación a la lucha contra esta enfermedad.

Si bien al principio no fue simple -solo uno de los prácticamente dos cientos profesores a los que Jack asistió fueron receptivos con el proyecto que tenía entre manos- por último consiguió su meta, creando un sensor para advertir sobre el cáncer de páncreas precozmente en menos de cinco minutos, y a un coste verdaderamente bajo. Potencialmente extensible al cáncer de ovarios y pulmón, el proyecto desarrollado por el joven le valió el premio en la Intel International Science and Engeniering Fair 2013. Nos hallamos frente a un caso excelente de un biomaker autodidacta.

Spencer Whale: turismo a pedales para pequeños hospitalizados.

Este es un caso que prueba que, ciertamente y tal y como veníamos diciendo, la edad no es ningún impedimento, sino, es fuente de ideas realmente renovadoras y disruptivas. Y es que Spencer Whale se transformó en emprendedor cuando solo tenía seis años, ideando un juguete para facilitar y divertir la vida de todos y cada uno de los pequeños ingresados ​​en un centro de salud, tal como una mejora substancial en la comodidad para los progenitores y enfermeras al no haber de soportar los sueros intravenosos cuando los pequeños salían de la cama.

Su idea, el KidCare Riding Car es un fabuloso turismo de pedales que, además de esto, es el apoyo de todos y cada uno de los aparatos médicos de los que el pequeño depende.

El impacto que tuvo el KidCare Riding Car le valió ganar un concurso en el pequeño emprendedor de Pittsburg. Además de esto, hace dos años, con catorce años de edad, vendió la licencia de su invento a una compañía a fin de que lo fabricara a gran escala, con lo que hoy en día, el KidCare Riding Car está presente en infinidad de plantas de medicina infantil de centros de salud de USA.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *